Mi padre es ‘chef’

MI PADRE ES CHEF

 

En casa de Joaquín Felipe siempre han compartido lo que rodea a la mesa. “Procuramos comer juntos. Y nos encanta que la gastronomía sea el tema de conversación”, cuenta el chef. El frigorífico de su piso cerca de Atocha esconde hoy un producto inusual: corazón de atún en salmuera. “En vez de probar yo solo lo que me envían los proveedores, lo traigo para la familia”.

Ni Guillermo (16 años) ni Joaquín (27) le harán ascos. El plato preferido del menor es el sushi. Lo probó ¡con cinco años! “También me encantan las huevas de erizo… es como tomar un bocado de mar”, dice con cierta literatura. Eso sí, odia las aceitunas. Y su padre no se las impone. Bien hecho. “No conviene castigarles, ni premiarles”, cree Asunción Roset, que durante años asesoró a comedores de colegio. Felipe se dio cuenta hace años: “Joaquín no quería comer pisto. Pensé que se estaba poniendo pijo, y le obligué: si no era para cenar, entonces para desayunar”. ¿Resultado? “Le cogí manía. Pasé años sin probarlo”, explica el joven.

A Guillermo, recién llegado del colegio, no le ha dado tiempo ni a quitarse el uniforme. Pero se pone a los fogones. Los tres preparan brócoli y alcachofas al wok para acompañar una merluza: “La voy a marcar en la sartén cuatro minutos”. Los pescados, al punto; las verduras, al dente. Así, incluso en una cena sencilla está influyendo en el gusto de sus hijos. Igual que cuando compran los mejores productos. Gloria, la madre, va al mercado cuatro veces por semana. “Por dos o tres euros más por kilo, la diferencia de calidad es abismal”. JAVIER HERAS