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En el centro de la foto, mi tio Juan y mis padres Arturo y Pilar (1953)

A Joaquín Felipe Peira le ha gustado siempre compartir y difundir todos sus conocimientos culinarios, ya lo hacia su madre, cocinera en un hotel de La Gran Vía madrileña, ella se ha encargado siempre de trasmitir a su hijo el respeto por la cocina tradicional. Mano a mano cocinaban tortillas de patata, albóndigas, croquetas, guisos, platos de cuchara de toda la vida y entre plato y plato Dña. Pilar le daba consejos y le enseñaba a tratar la materia prima, con respeto, limpieza, profesionalidad y sobre todo cariño. De su padre Arturo, también cocinero, Joaquín aprende a tratar las carnes de caza, a preparar con soltura un solomillo Wellington, a preparar postres caseros y a elaborar cientos de roscones de Reyes, sin conservantes ni colorantes.

D. LUIS IRIZAR

D. Luis Irizar, maestro de maestros, inculco y trasmitió a Joaquín la inquietud por la cocina y fue ejemplo a seguir como educador. A D. Luis no le importaba que sus discípulos copiaran sus recetas, las divulgaba una y otra vez.

“Cada persona es un pequeño artista con ideas más o menos brillantes, pero que debe desarrollar buscando en su trabajo diario. El trabajo y el esfuerzo con ilusión atraerán a las nueva ideas y las creaciones que le harán avanzar tanto en la profesión como en los momentos de ocio y convivencia con los compañeros”. TÉCNICA Y GESTIÓN DE UN OFICIO, COCINERO. 

Dicen que la educación no sólo se trasmite a través de la palabra, está presente en todas nuestras acciones, sentimientos y actitudes. Joaquín tiene dotes pedagógicas, “venga chavales y chavalas manos a la obra…”, en la cocina se mueve como un pez en el agua y disfruta haciendo y enseñando lo que sabe, cocinar.

Joaquín apoya y confía en las nuevas generaciones de cocineros que asimilan y aprenden los conocimientos, normas de conducta, modos de ser y formas de ver el mundo gastronómico de generaciones anteriores, creando además otros nuevos.